Lentejas pardinas con chorizo

        Qué plato tan clásico, sano y rico el de las lentejas, ¿verdad?

        Sin embargo, mi madre lo pasó regular cuando las cocinaba y tenía que obligarme a comerlas cuando era niño... Efectivamente: ¡No me gustaban!.

        Pero es ley de vida que cada cual debe madurar del mejor modo posible y yo lo hice enfrentándome a las necesidades y una de ellas fue saciar el hambre cuando tuve que dejar durante largos meses el confortable y primigenio hogar familiar de mis padres y hermanas. En mis tiempos de estudiante comía de todo y ya no sólo porque no había más remedio que aceptar que la variedad era inexistente, sino que uno se lanzaba sobre el alimento disponible sin rechistar por poco que le gustase pues la necesidad era acuciante y debía reponer fuerzas para estar activo y con energía para afrontar el estudio de la carrera y seguir avanzando en la vida con otras actividades esenciales.

        Ruego que me disculpéis si la elaboración del plato de hoy lleve aparejada esta vitalista introducción, pero es que las lentejas representan un icono culinario en el mundo de la alimentación.

        Yo aprendí a apreciar las lentejas en casa de mi tía Amparo en Melilla cuando, por enfermedad de mi madre, ésta tenía que viajar a Sevilla con mi padre y yo me quedaba en su casa durante una temporada. Tengo que reconocerlo: me gustaban más que las que mi sufrida progenitora preparaba pese a que Marianita era muy buena cocinera.

        Y recuerdo que el culmen de mi particular degustación para con un plato de lentejas que me supo a gloria tuvo lugar el mismo día en que enterramos a mi padre, el 4 de abril de 2001 (dos días después de su muerte): mi hermana Mayra había hecho lentejas ese día, pero no pude probarlas...¡hasta la noche! ... Tristes momentos, pero fue glorioso. Felicidades, hermanita, por tan suculento plato.

    Disculpad si os parezco frívolo... Es la vida misma... Es la muerte la que está presente irremediablemente... No hay que reírse de ella, pero no hay que abandonarse a la absoluta depresión pues otras personas nos necesitan, entre ellas la misma que llevamos dentro.

        Y a continuación, los ingredientes de las lentejas que olvidé poner en remojo la noche anterior al viernes 15 de marzo de 2024:

        - 500 gramos de lentejas pardinas puestas en remojo entre 8 y 11 de la mañana (sólo 3 horas)

        - 1 cebolla

        - 3 dientes de ajo pelado

        - Puerro (parte blanca)

        - 1 pimiento verde

        - Medio pimiento rojo

        - Dos tomates

        - Un buen trozo de chorizo ibérico dulce.

        - Aceite y sal

        - Agua

        

        Este día tenía poco tiempo, por lo que me dispuse a entrar directamente a cocinar sin preámbulos de sofrito. Podría haber utilizado la olla rápida, pero me decanté por la olla eléctrica GM y cubrí con un poco de aceite de oliva el fondo y seleccioné menú "Turbo" con presión alta y ajusté el tiempo hasta los 25 minutos.

        Incorporé la cebolla, el ajo, el puerro, los dos tipos de pimientos, el tomate y el chorizo. Añadí un poco de sal, pero también una pastilla de caldo de pollo. 



        Cubrí con agua las lentejas en su nivel justo y cerré la tapa y la válvula para que siguiera el proceso de cocción tras el cual esperé a que pasaran los minutos suficientes para poder despresurizar la válvula y así abrir la olla y proceder a extraer los pimientos, los tomates, la cebolla, el ajo y el puerro para hacer un batido vegano con ellos en un vaso donde fueron triturados hasta hacer una salsa cremosa y homogénea que vertí finalmente en la olla en la que habían quedado expectantes las lentejas y el chorizo.



        No es por nada, pero cuando volví dos horas y media después y comí mi correspodiente plato de lentejas, me felicité por lo ricas que me habían salido.

        Ya sabéis: unas buenas lentejas hechas con cierta prisa pero con el correcto cariño pueden resultar exquisitas.

        ¡Feliz provecho! 

        

        

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